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San Benildo

Fiesta: 12 de Agosto    ¿? - † 1862

ste joven se llamaba antes de hacerse religioso Pedro Romançon. Se convierte en el hermano Benildo, y se incorpora al joven Instituto de San Juan Bautista de La Salle. Y desde ahora el apostolado de la escuela va a llenar su vida y sus aspiraciones. Lo que tantos teóricos han proclamado, Él lo va a realizar en los modestos límites a que le constriñen las limitaciones humanas. Pero con una plenitud, con una densidad perfectas. Y en esto consistió su santidad según el testimonio del Sumo Pontífice Pío XI: "Hizo las cosas comunes de manera no común".

Hijo de Juan Romançon, vivió sus quince primeros años en el hogar campesino de sus padres en Thuret, pueblo laborioso, pacífico, siempre renovado a la sombra de la robusta torre hexagonal de la parroquia, que antes fue abadía benedictina y presidió el nacimiento de la villa. A los diez años, Pedro Romançon juntaba a sus compañeros y repetía con ellos el catecismo que el domingo habían aprendido en la parroquia. Algunos años después, en 1818, de la mano de su madre recorre las calles de la capital de la provincia, Clermont Ferrant, y entre las tantas cosas recién estrenadas que se atropellan en sus ojos, la silueta de dos religiosos se abre paso hasta su boca.

La piadosa madre satisface su curiosidad. Son los Hermanos de las Escuelas Cristianas; son unos hombres que dedican toda su vida a enseñar a los niños, sobre todo a los pobres, y, sobre todo, las cosas necesarias para servir a Dios y poseerle. Todo un presentimiento oscuro se hace luz en el alma del adolescente. Era tan inteligente que a los 14 años lo pusieron ya como maestro auxiliar de sus compañeros. En 1841, dadas sus cualidades y su buen servicio como educador, lo nombraron director de una Escuela de la Salle en Saugues, una pequeña ciudad del macizo central francés; tierras pobres, pastizales, ralas arboledas, en una meseta alta y fría. Se dio cuenta de que los niños campesinos no podían ir a la escuela porque tenían que ponerse en seguida a trabajar. El, sin dudarlo, se fue a esos cortijos, reunía a los niños y niñas para enseñarles las letras y el catecismo. Tras los niños, vinieron los padres. Creó escuelas nocturnas para adultos y tuvo una predilección especial para los atrasados. Se dedicó por entero a esta misión. Los campesinos cambiaron completamente gracias a la formación recibida, al centro parroquial que creó y a la fama de santidad que tenía ante todo el mundo.

Animaba a sus hermanos a que vieran en cada niño o niña la figura de un ángel. De esta forma, nos acordaremos de tratarlos como lo hizo el Señor en el Evangelio.

En el alba del 12 de agosto de 1862 las campanas de Saugues avisaban a la parroquia: se iba a administrar la extremaunción a un enfermo. Todos sabían de quién se trataba; las calles se animaron en aquella hora fría y desusada y los aldeanos acompañaron al sacerdote a la humilde escuela, y al humilde lecho del enfermo, los que pudieron entrar. El sacerdote accede a la súplica de los que le acompañan y pide la bendición del hermano Benildo para todos los presentes y para el pueblo entero. La leve resistencia se esfumó en la última sonrisa, y la misma mano que tantas veces se había levantado sobre ellos para enseñar, para corregir, para estimular, ahora se levanta para bendecir, con la misma sencillez de toda la vida. Aquella misma mañana el hermano Benildo descansaba en la paz.