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Fiesta de la Conversión de San Pablo Apóstol

Fiesta: 25 de Enero    

a fiesta litúrgica de la “Conversión de San Pablo”, que aparece en el siglo VI, es propia de la Iglesia latina. Puesto que el martirio del Apóstol de las Gentes se celebra el 29 de junio, la celebración de hoy sirve para considerar de cerca la maravillosa figura del Apóstol por excelencia.

Judío de la tribu de Benjamín, Pablo, llamado Saulo (Saúl) en el uso y rigor judío, afirmaba con vehemencia que el Evangelio que predicaba no lo había aprendido o recibido de los hombres, fue enviado por sus padres desde muy joven a Jerusalén, donde se instruyó en la Ley de Moisés con el fariseo Gamaliel. Luego, ingresó a la severa secta de los fariseos, convirtiéndose en un perseguidor y enemigo de Cristo. Lo apasionado de su persecución lo llevó a ofrecerse al sumo sacerdote para ir a Damasco a arrestar a todos los judíos que confesaran a Jesús, pero Dios decidió mostrar su misericordia y paciencia con Saulo y ya cerca de Damasco, una luz del cielo brilló sobre Él y sus compañeros, cegándolo por espacio de tres días, tiempo en el que permaneció en casa de un judío llamado Judas, sin comer ni beber.

Fiesta de la Conversión de San Pablo

Tres días para rumiar su derrota y hacerse cargo en su interior de lo que había pasado. Por revelación de Cristo, el cristiano Ananías fue al encuentro de Saulo, quien recuperó la vista y  luego, accedió al bautismo y predicó en las sinagogas al Hijo de Dios. Un cambio de vida, cambio de obras, cambio de pensamiento, de ideales y proyectos. Su carácter apasionado tomará el rumbo ahora marcado sin trabas humanas posibles _su rendición fue sin condiciones_ y con el afán de llevar a su pueblo primero y al mundo entero luego la alegría del amor de Dios manifestado en Cristo, con gran asombro de sus oyentes. Así el antiguo perseguidor blasfemo se convirtió en apóstol y fue elegido por Dios, como uno de sus principales instrumentos para la conversión del mundo.

De su experiencia Pablo saca esta consoladora conclusión: “Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, yo el primero de ellos.

Entre tantas conversiones del santoral, la de Pablo es ejemplar, paradigmática. Más se palpa en ella la acción divina que el esfuerzo humano; además, enseña las insospechadas consecuencias que trae consigo una mudanza radical.