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San Dionisio

Fiesta: 8 de Abril    ¿?- † Siglo II

e San Dionisio sólo sabemos que fue Griego, Obispo de Corinto hacia el año 171, se hace acreedor de las Iglesias de Oriente, por su amplio espíritu de servicio. Pertenece a las primeras generaciones de cristianos. Es uno de los primitivos eslabones de la larga cadena que sólo tendrá fin cuando acabe el tiempo. Por el momento en que vivió, resulta que con él entramos en contacto con la antiquísima etapa en que la Iglesia está aún, como aprendiendo a andar, dando sus primeros pasos; fue uno de los más distinguidos hombres de Iglesia del Siglo II.

San Dionisio exhortaba a menudo a sus fieles y a las otras Iglesias a practicar la caridad y solidaridad con aquellas comunidades cristianas que más lo necesitaban.

Santo Dionisio Obispo

Aunque es probable que Dionisio haya muerto naturalmente, los griegos lo veneran como mártir, por lo mucho que sufrió; por la fe. Dionisio fue un Obispo que destaca por su celo apostólico y se aprecia en él la preocupación ordinaria de un hombre de gobierno. Rebasa los límites geográficos del terruño en donde viven sus fieles y se vuelca allá donde hay una necesidad que él puede aliviar o encauzar. En su vida resuena el eco paulino de sentir la preocupación por todas las iglesias. Aún la organización eclesiástica, distinta de la de hoy, no entiende de intromisiones; la acción pastoral es aceptada como buena en cualquier terreno en donde hay cristianos.

Posiblemente el Obispo Dionisio pensaba que si se puede hacer el bien, es pecado no hacerlo. Siendo la labor tan amplia, el estilo que impera es prestar atención espiritual a los fieles cristianos donde quiera que se encuentren sin sentirse coartado por el espacio; la jurisdicción territorial vino después. Él se siente responsable de todos porque todos sirven al mismo Señor y tienen el mismo Dueño.

La vida de este Obispo Griego, incansable articulista, terminó en el último tercio del Siglo II.  Sin moverse de Corinto, ejerció un fecundo apostolado epistolar que no conoció fronteras; el papel, la pluma y el mar Mediterráneo fueron sus cómplices generosos en la difusión de la fe.