anta
Lucila virgen y mártir, era ciega
de nacimiento, en el tiempo de la
persecución de Valeriano en el 257, el
tribuno Nemesio, le pidió al Papa el
bautismo para sí mismo y para su hija Lucila
y se lo concedió. Lucila, recobró la vista
después de la ceremonia del bautismo.
La nueva
fe y el
milagro
hicieron
que el
tribuno
pasara
de las
órdenes
imperiales.
El
emperador
le pedía
que
volviera
a la
religión
oficial
del
Imperio.
Se negó
en
rotundo
y, como
consecuencia,
padre e
hija
murieron
mártires.
El
cuerpo santo de Lucila
fue extraído del cementerio de San Calixto en 1642
para ser venerado en la basílica de San Próspero y,
a continuación, en la Capilla de Nuestra Señora de
Gracia de Regio Emilia, Italia.