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San Pablo el Ermitaño

Fiesta: 15 de Enero    229 - † 342

ste es el primer Santo ermitaño de la Iglesia universal. Nació hacia el año 229, en Tebaida, una región que queda junto al río Nilo en Egipto y que tenía por capital a la ciudad de Tebas. Fue bien educado por sus padres, aprendió griego y bastante cultura egipcia. Pero a los 14 años quedó huérfano. Era bondadoso y muy piadoso. Y amaba enormemente a su religión.

Tuvo la mala suerte de vivir en un período en el que los cristianos eran cazados y perseguidos como criminales contra la seguridad del Estado. Quedó huérfano a los 15 años, y su cuñado quiso enrolarlo en el ejército. A los 22 años, se fue al desierto para fortalecer su fe ante los combates que le aguardaban. Habitó en una caverna, alimentándose por cuarenta años del fruto de una palmera y del agua de una fuente, que estaban cerca. Luego, fue alimentado milagrosamente por el pan que le traía cada día un cuervo.

SAN PABLO, el Ermitaño

El silencio y la soledad son los peligros mayores para un ser humano. Y sin embargo, para él constituyó el fruto más preciado de santidad. En el desierto se aprende a confiar en Dios más que en el propio dinero o bienestar.

Trabó una intensa amistad con San Antonio que vivía en otro desierto (la región de la Tebaida estaba llena de anacoretas y cenobitas). Éste tuvo el deseo de saber si habría algún otro anacoreta que viviese por aquellos agrestes parajes. Se sintió inspirado por Dios y desafiando las fieras que, según San Jerónimo, le salían al paso, caminó sin parar hasta dar con la cueva de San Pablo. Así vencería la tentación de vanagloria al creer que no había en todo el desierto otro más antiguo y Santo que él.

Una escena entrañable tuvo lugar entonces. Se abrazaron con ternura los dos ancianos, se saludaron por sus nombres, y pasaron muchas horas en oración y en santas conversaciones.

Pablo anunció a Antonio, que estaba muy próxima su muerte, y le pidió que le trajese el manto de San Atanasio. Cuando Antonio volvía con el manto, vio subir al cielo el alma de Pablo, llena de esplendor. Llegó a la cueva, lo amortajó con el manto y, con la ayuda de dos leones que abrieron la sepultura, lo enterró.  Murió a los 113 años. Era el año 342. Antonio se quedó con la túnica de Pablo, que luego vestía en las solemnidades.